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Fecha: (22 febrero 2009) Hora:09:00
Distancia: 42197m .
Asistentes: (6 correveidiles y una clá impresionante, como no podía ser menos).
Un gran grupo correveidil, que luego iré enumerando, se dirige a Sevilla entre viernes y sábado, unos para correr el maratón, otros para acompañar y animar a estos, y todos para disfrutar de un estupendo fin de semana aprovechando el evento.
La comida del sábado fue algo desastrosa debido al escaso conocimiento de los bares y restaurantes de la ciudad, pero enseguida lo olvidamos, unos con un paseíto y otros con una siesta y un partido de baloncesto.
En cambio la cena, ay la cena, reservado gracias a los contactos del Cangrejo, nos juntamos la plana mayor correveidil y el acompañamiento en pleno, enumero: Machine, Mariano, Julio, Mª Eugenia, Carmentxu, Ángel, Ángela, su amiga, Rut, Arantxa, Nuria, Olay, Forrest, Mariajo, Pipotas, Merche, Pre, Marian, Marta, Alberto, Guirgui, Cangre y el menda, en fin, todos y cada uno de los asistentes a Sevilla.
Luego hubo que recogerse pronto para el madrugón de los corredores y el acompañamiento.
Y llegó el domingo, gran día, un solazo de impresión, un poco de fresco a esas tempranas horas, desayuno en tandas, los que corrían primero y el acompañamiento algo más tarde.
A las 7:45 estaban saliendo los corredores hacia el Estadio Olímpico, en taxi como unos señores que son.
A las 9 íbamos el resto al km. 10 para ver, gritar, animar y apoyar a los maratonianos: por allí fueron pasando el Pipotas, Machine, Pre, Carmentxu y Marta, y cada uno que pasaba nos desgañitamos gritando, saltando, agitando bandera y pancarta como si se fuera a acabar el mundo.
A continuación la afición se dirigió al km. 25 y el acompañamiento al 34, y ahí fue donde se montó la gorda: Rut, Nuria, Olay, Guirgui y yo nos situamos un poco antes del km. 35 en una calle desierta y la teñimos con los colores correveidiles, bueno, no sólo colores, gritos, voces, ánimos y palmas que nos dolían ya, y casi nos quedamos afónicos, creo que todavía se acordarán muchos maratonianos de ese grupeto con camisetas azules, rojas y amarillas que no paraban de animar a todo el mundo.
Pasó el Pipotas, más fresco que una rosa, tomándose una ampolla de glucosa porque al Guirgui se le olvidó darle el plátano, tras casi 2 horas de llevarlo en el bolsillo; pasó el Pre con Carmen, gran pareja que acomodaron sus ritmos para ir junticos, que era lo mejor que podían hacer, ya que Carmen contaba conmigo para acompañarla, pero las lesiones me lo impidieron, y ahí se pegaron Nuria, Guirgui y Rut para llevarles hasta la meta; después venían Antonio y Marta, algo más jodidos, y es que cuanto más atrás peor se ve a los corredores en general, pero para eso estábamos nosotros, faltaría más, Olay y yo fuimos su sombra hasta el final, un poco más adelante se acopló Alberto y de ahí al km. 42 íbamos Machine y yo, y un poquito detrás Marta con Olay y Alberto.
Lo que yo viví en la meta, sin haber corrido el maratón, fue espectacular, así que no me puedo imaginar las sensaciones de los que sí lo hicieron, y lo terminaron, como no podía ser de otra manera. Esa entrada en el Estadio Olímpico, en nuestro caso Machine y yo con el Guirgui que nos estuvo esperando fue algo increíble, totalmente recomendable para todos.
Luego la organización fue acojonante, con toallas, gente que te quitaba el chip, avituallamiento, CERVEZA, etc.
Y vuelta al hotel, tranquilamente, dando un paseíto que se podía haber evitado, sobre todo los corredores, con unos autobuses que fueran constantemente del Estadio al centro de la ciudad, pero con el día que hacía no supuso demasiado problema.
Ducha, reavituallamiento (el bar tenía Mahou clásica, seguramente el único de Sevilla, puñetera Cruzcampo) racioncillas y después unas copitas en una terracita de la Plaza de la Alameda, donde nos explayamos contando anécdotas varias de algunos viajes al extranjero de unos integrantes de esta nuestra secta.
Por la noche, gracias a los amigos del Cangre, conseguimos cenar pescaíto en un sitio impresionante de un lugar de la ciudad que no sé ni dónde era, pero que procuraré conseguir la dirección para cuando vuelva. Más anécdotas allí y gente con dolores variados, no sólo de piernas, sino de mandíbulas porque el descojono era general (es que el Guirgui tiene una gracia...).
El lunes ya de relax, hubo gente que se fue el domingo, pero los que nos quedamos pasamos un día impresionante, solana de ir en manga corta, paseo por las zonas más chulas de Sevilla gracias a Vivi, la amiga vallecana-sevillana del Cangre, que en sus horas libres hizo de guía turística para los correveidiles. Comimos en un bar de tapas de flipar, el de las columnas, una pringá que quitaba el sentío, y para culminar la estancia, cafetito y pastel en La Campana.
De ahí al hotel y a la estación, vuelta a Madrid, más de uno se hubiera quedado allí unos días más, pero sin acompañamiento correveidil no hubiera sido lo mismo.
Sevilla sí que tuvo un color especial este fin de semana.
PD. Perdón por el ladrillo, con lo sequito que soy yo suelo hacer crónicas más breves, pero fueron tantas cosas que no podía omitir nada.
Crónica de Ersianti.
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