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Fecha: (27 Abril 2008, 09:00 a.m.)
Distancia: 42.194 m
Asistentes: (16) y el resto de correveidiles en cuerpo y/o alma.
Hace mucho tiempo, en una villa muy lejana, conocida por nuestros antepasados como Madrid, tuvo lugar una de las mayores epopeyas acaecidas hasta nuestros días. Dicha gesta nos ha llegado contada de generación en generación y ahora, yo, como webmaster correveidil, me hallo en el deber de relatarla para que de esta manera perdure en los anales de los tiempos.
Todo empezó en el mes de septiembre del año VII d.R. cuando Rajin, señor de los señores, corredor entre los corredores, se reveló ante gran parte de sus damas y caballeros y les encomendó una importante misión, participar en la batalla de MaPoMa. Otros señores de tierras colindantes, incluso de otras comarcas y pueblos más lejanos, también comenzaron a reclutar valientes que voluntariamente comenzaron a prepararse física y mentalmente para afrontar en buena lid tamaña proeza.
No fueron pocos los obstáculos a desafiar. Durante siete largos meses tuvieron que luchar contra diversas plagas enviadas por el maligno. Unas veces en forma de encantamientos que entumecían los músculos de nuestros aguerridos combatientes y que les producían lesiones hasta aquel entonces desconocidas para ellos, contracturas, periostitis, pubálgias, tendinitis, bursitis, ampollas y la más temida de todas, la fascitis plantar. Otras veces, llegaban en forma de hechizos menores, pero no por ello menos molestos, como catarros, faringitis, asmas y alergias.
Pero como valerosos correveidiles que eran, se repusieron de ellas, bien ayudados por los conocimientos del Mago Ferreras o bien gracias a su tesón y motivación por tan noble causa.
Mes a mes fueron participando en numerosos torneos con el fin de acostumbrar el cuerpo al esfuerzo que mas adelante iba a ser requerido. Entre competiciones, continuaban entrenando a orillas del Lago Blanco Lago Negro y en los alrededores del gran lago situado en la Casa de Campo reponiendo fuerzas en diversas tabernas de la región como el Urogallo o el Cangas.
Cayeron las hojas, llegaron los fríos y como todos los años, aparecieron nuevos brotes. Todo hacía indicar que había llegado el momento esperado.
Y por fin, el 27 de abril, nuestras damas y caballeros, avanzaron majestuosamente al lugar indicado, la plaza de la diosa Cibeles, a las ocho en punto de la mañana. Como en todo combate anterior, se cumplió escrupulosamente con los rituales. Cambiaron sus vestiduras de entrenamientos por otras dignas para la ocasión. Se engalanaron con los distintivos de nuestro señor Rajin, el amarillo, el rojo y el azul correveidil. Protegieron sus pechos con los petos, numerados para la ocasión, que les fueron concedidos días atrás en la Feria del Corredor, y los sujetaron con unos extraños artilugios parecidos a las fíbulas que en estas tierras denominaban imperdibles. Ungieron sus cuerpos con aceites y vaselinas, recogieron el resto de sus equipajes en sus petates y los llevaron a las tiendas de campaña para que los escuderos los custodiaran de ladrones y rufianes como si en ellos les fuera la vida. Su estandarte, portado con gallardía por sus escuderos y doncellas, lucía bien alto, siendo el orgullo y gloria de todos ellos.
Se acercaba la hora de la batalla, poco a poco se fueron congregando casi 8000 damas y caballeros venidos de innumerables lugares. Cada uno tomaba la posición correspondiente a su condición. Unos privilegiados escuderos portaban grandes globos azulados que servían de guía para este fin. Los murmullos atonales y los olores a ungüentos y sudor previos a la batalla les resultaban familiares. Aparecieron en el cielo unos caballeros que con gran valentía se descolgaron en unos artefactos voladores haciendo aún mayor el número de congregados. Y por fin, a las nueve en punto de la mañana, el vuelo rasante de siete dragones que escupían fuego de color amarillo y rojo encabezó la comitiva.
Sir Forrest, Sir Brevas y Sir Chino partieron raudos en sus corceles. Como grandes caballeros no encontraron adversarios de su talla. Sir Forrest y Sir Brevas se unieron a una dama llegada del territorio de Alcorcón y cabalgaron juntos buen trecho siendo los primeros en realizar la entrada triunfal en el tiempo previsto. Sir Chino, por desconocimiento en este tipo de batallas, tuvo la cordura de guardar fuerzas por si le eran necesarias al final y también consiguió terminar la contienda con grandes honores.
Sir A.Machine y Sir Pipotas, unos expertos caballeros en este tipo de batallas, participaron muy activamente y fueron otros de los grandes héroes de la jornada. Se vieron acompañados gran parte de la lid por Sir Sianti. Atacaron impetuosamente desde los primeros instantes y consiguieron mantener el nivel durante toda el día. Su esfuerzo esta vez si que se vio recompensado. Grandes poemas nacerán de sus proezas.
Sir Babyface y Sir Chemakele, también curtidos en cien batallas, fueron presas de sortilegios oscuros y sus fuerzas fueron mermadas poco a poco. Gracias al pundonor, el caballero Sir Babyface consiguió terminar muy dignamente y añadir un trofeo más a sus numerosos éxitos. Sir Chemakele contó con la ayuda de una dama y un caballero de Bilbao, los hermanos Camarero, que se unieron a la contienda a su paso por el gran lago, a base de darle unos extraños brebajes de color azul y marrón consiguieron revivirle y le llevaron en volandas. También pudo acabar el objetivo.
A Sir Perrino y Sir Pre, los nervios no les atenazaron y fieles a sus principios correveidiles lucharon desde el principio codo con codo. Sir Perrino aceleró el paso buscando mayores glorias y consiguió buenos resultados en esta su primera gran batalla. Sir Pre apeló a su casta y coraje y no se dejó amilanar. Consiguió alcanzar la gloria.
Sir Banchi y Sir Guirgui fueron sorprendidos por el enemigo. El primero se pudo zafar, gracias a su veteranía, de cuantos enemigos le salieron al paso, que fueron muchos, de ahí que para él terminara la batalla un poco mas tarde de lo esperado. Sir Guirgui a su paso por el lago sufrió los encantamientos de la dama oscura que allí habita. Sus cantos consiguieron embrujarle. No pudo terminar la batalla, pero fue rescatado a tiempo por Sir Cangrejo y junto a unos caballeros que vestían de amarillo y portaban estandartes de la comarca de SAMUR, consiguieron expulsar el mal de su cuerpo, incorporándose felizmente a las celebraciones posteriores.
Y si fiel y duramente lucharon nuestros caballeros igualmente lo hicieron las damas.
Lady Carmentxu, Lady RuudVanitel y Lady Martamanguitos montando unas espléndidas yeguas, con un paso rítmico pero constante, terminaron meritoriamente y dejaron sin palabras, una vez más, a todos los allí presentes. Amazonas como ellas no quedan ya en estos días.
LadyDi y Lady Nuria acompañadas casi toda la jornada por Sir Olay también cubrieron muy dignamente esta su primera incursión en las artes de la guerra. A buen seguro que seguirán rellenando papiros con sus grandes épicas.
Lady Pivon, Lady Litri, Sir Fritura, Sir Poguereid, Sir Makinon, Sir Kuestis, Sir Pulgui, y Sir Nano también tuvieron buena parte de la culpa de que nuestras damas y caballeros pudieran terminar y vencer gloriosamente en la batalla. Sus alientos, esfuerzos y compañía, así como la de otros escuderos de muchos de los héroes anteriormente citados, fueron clave para que la moral estuviera siempre alta y los pensamientos finales fueran positivos. Los dioses os agradecerán eternamente vuestra participación.
Y aquí concluye la famosa batalla del MaPoMa. Las celebraciones posteriores duraron muchos días y muchas han sido las canciones y odas escritas sobre ellas pero ahora debo partir y tristemente he de dejar aquí mi narración.
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